martes, 15 de mayo de 2012

La Inevitable Globalidad


México del Norte
Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Estos gringos no entienden. Pior, les da terror aceptar lo que han estado promoviendo durante años (para algunos, especialmente para los millonetas): la globalización.
            Algunos dicen que la globalización, proceso de intercambio entre todos los países del mundo que a la larga termina por borrar las fronteras en muchos sentidos, nació con Cristóbal Colón, allá en 1492 cuando se perdió en el Atlántico y se topó con nuestro continente. Otros dicen que nació cuando se cayó la Unión Soviética y otros que cuando el hombre llegó a la Luna, o cuando un mes y medio después nació el Internet.
            “Haiga sido como haiga sido”, nuestro planeta hoy está marcado por la globalización, la integración de las economías locales en una gran economía mundial, donde la lana se mueve de un lado a otro prácticamente sin restricciones y las vacas también, aunque no por voluntad propia. Es la era de las “transnacionales” y las “multinacionales”, palabras sofisticadas que sirven para ocultar la aborrecida palabra original, monopolios, como Wal-Mart, digamos, que se tragan a los pequeños productores y vendedores, dando al traste con las economías locales y las de los que menos tienen y no pueden combatir contra las empresas globales.
            A los trabajadores pobres, por supuesto, no les está permitido moverse junto con la lana (lana de dinero, no de borregos) y las vacas. Para ellos hay muros fronterizos, leyes tipo Arizona y Alabama, y políticos como Barack Obama que deciden que hay que rebotarlos al lugar de donde hayan salido. Para ellos, el mundo no es “global”, sino más bien un globo desinflado.
            Para los ricos si es permitido moverse y “globalizarse”. Con lana baila el perro, dicen, y lo mismo las aduanas y los sistemas migratorios, y muchos países decidieron que sus ciudadanos podían también ser ciudadanos de otros países y al revés volteado, y con la globalización nació la ciudadanía múltiple.
Así se movieron los papás de un tal Marcus Bachman, de Suiza a Minnesota, donde compraron una granja y acá nació su chamaco. Y no quien los pelara, excepto que el chamaco se casó con una gringa, y hace unos meses le pasó su nacionalidad suiza automáticamente.

“El Suizo es él, no yo…”

Como hijo de padres suizos, Bachman tenía derecho a la ciudadanía de aquél país, además de ser estadounidense por nacimiento. Siendo así, se decidió a solicitarla y se la dieron de boleto, incluyendo a sus hijos, nacidos también en Estados Unidos, y a su esposa, gringa también por los cuatro costados.
            Nomás que su esposa es Michelle Bachman, congresista de Minnesota y relevando a Sarah Pallin, pre-candidata presidencial del Partido Republicano hasta hace un par de meses, cuando perdió horrorosamente en Iowa y se retiró de la carrera electoral.
            Y como una cosa es ser o creerse dueños del mundo, y otra es no ser gringo cien por ciento, Michelle Bachman acaba de renunciar a su ciudadanía suiza. “Tomé esta acción porque quiero que esté perfectamente claro que nací en Estados Unidos y soy una orgullosa ciudadana de Estados Unidos. Estoy y siempre he estado comprometida cien por ciento con la Constitución de Estados Unidos de América. Como hija de un veterano de la fuerza Aérea, hijastra de un veterano del Ejército y hermana de un veterano de la Marina, estoy orgullosa de mi fidelidad a la nación más grandiosa que el mundo ha conocido”.
            Ya ahí podríamos compadecerla. Con esa familia, con razón no entiende mucho de globalización, a menos que sea en la forma de invasiones y guerras “preventivas” para quitar gobiernos que a los gringos no les gustan y poner regímenes títeres por el mundo. Que no sepa de historia no se disculpa. Los imperios persas, griegos y de los hunos fueron muchísimo más grandiosos que Estados Unidos hoy, dominando todo lo que en aquellos tiempos eran el “globo” conocido. En fin.
            El caso es que Bachman está peleando contra algo natural en el mundo que está impulsando. En 2008 todos los candidatos presidenciales gringos podían tener una segunda nacionalidad, excepto Hillary Clinton. McCain nació en Panamá, y el padre de Mitt Romney era mexicano. Y Obama, por supuesto, tiene derecho a la nacionalidad de su padre, oriundo de Kenia.
            Y en estas elecciones será igual. Un Keniano-Americano contra un México-Americano. Si Bachman hubiera ganado, pues sería un Keniano-Americano contra una Suiza-Americana.
            Es inevitable. En cada elección habrá más y más candidatos Algo-Americanos que ganarán. Los próximos gobiernos del país “más grandioso del mundo” serán cada vez más “globales”, y cada vez serán menos los “100 por ciento estadounidenses”.

jueves, 10 de mayo de 2012

¡Al Fin Ciudadano!

México del Norte
Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Dicen que todas las luchas tienen un principio, y en teoría también un fin. En el caso de los derechos políticos de los mexicanos en el exterior, dice la leyenda relatada por Arturo Santamaría, paisanólogo que se gana todo mi respeto porque por lo menos tuvo la decencia de cruzarse alguna vez la frontera por en medio de los surcos, la lucha comenzó en 1928, cuando un grupo de mexicanos de Los Ángeles armó tremendo pancho para poder votar desde esa ciudad.

No lo lograron, por supuesto, porque querían votar por José Vasconcelos, candidato opositor al Partido Nacional Revolucionario, versión todavía más antediluviana y dinosáurica de lo que hoy es el Partido Revolucionario Institucional, y en contra del candidato oficial Álvaro Obregón.

Ya en tiempos modernos, la lucha la retomaron por allá del año 1980, precisamente ahí en Los Ángeles una bola de organizaciones de mexicas al firmar la Carta de los Derechos de los Trabajadores Migrantes, donde se establecía claritamente el derecho a votar desde el extranjero. Algunos años después, en 1994, la retomamos aquí en Chicago después de que al Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas le pareció buena la idea.

En ese año, con tremendo esfuerzo ciudadano, abrimos una docena de casillas donde los mexicanos podían votar nomás con decir que eran mexicanos. Sacamos, si no me falla la memoria, 3 mil 200 votos. En el 2000 lo volvimos a hacer, con 42 casillas, en las que recibimos poco más de 10 mil votos. Les llamábamos “elecciones ciudadanas”, basadas en que constitucionalmente todos los mexicanos mayores de 18 años pueden y deben votar y punto.

En el 2006 no lo hicimos, porque andábamos un poquito ocupado organizando unas cuantas manifestaciones de este lado, defendiendo nuestro derecho ya no digamos como ciudadanos del mundo o de un país en particular, sino simplemente a ser tratados comos seres humanos. Eran los tiempos de la Sensenbrenner, y levantamos acá la consigna de “un camino a la ciudadanía”.

Aunque de Segunda…

De hecho, en los dos países seguimos fregados. De este lado no nos dan más que el camino pa’ nuestra casa, y mientras no regresemos, de allá no recibimos mucho más.

En el 2006, además de la marchas, ya no hicimos nuestro famoso “ejercicio ciudadano” porque ya había voto desde el exterior para los mexicas. Cortesía del PRI y el PAN, México recuperó algunos ciudadanos.

Apenas 54 mil mexicanos en el exterior mandaron ese año su solicitud de registro en el Padrón Electoral del IFE, para votar por presidente desde el extranjero. El IFE tuvo a bien rechazar a 14 mil de ellos, yo entre ellos, por quien-sabe-qué problema con la papelería. De los aceptados, unos 40 mil, solamente 30 mil votaron, de los cuales 28 mil lo hicieron desde Estados Unidos.

Este año el IFE recibió un total de 61 mil 687 solicitudes de registro desde más de 100 países, un mísero aumento de 5 mil comparados con el 2006. Aún no se sabe a cuántos hayan rechazado, aunque un sistema de corrección de errores debe reducir el porcentaje de casi 20 por ciento en el 2006.

En aquél año, entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador se llevaron el 91 por ciento de los votos desde el exterior. Dicen que por el Peje votaron 11 mil y por Calderón 19 mil, aunque dado el fraude de esas elecciones nunca se sabrá en realidad. Supuestamente mil 360 votaron por el PRI.

Esta semana llegaron los paquetes electorales para los afortunados que el IFE aceptó para registrarlos en el Padrón Electoral, y ya comenzaron las denuncias de que faltan muchos, de que el correo no ha dejado los avisos para irlos a recoger a la oficina cuando el destinatario no está en casa y demás.

Por supuesto, sigue siendo un voto mocho y ciego. Es mocho porque solamente permite votar y no ser votado, solamente por presidente y no por otras autoridades. Es mocho porque aún no se puede sacar una credencial del IFE en el exterior. De hecho, negarnos la credencial es una forma de negarnos la ciudadanía, porque solamente el ejercicio del voto nos hace ser ciudadanos. De otra forma solamente somos “nacionales” de un país, pero no ciudadanos. Y es voto ciego porque el paquete trae las plataformas de los partidos, pero absolutamente insuficientes, y sigue estando prohibido hacer campaña en el exterior.

Como quiera que sea, suponiendo que mi voto por Andrés Manuel López Obrador se cuente el primero de julio, ese día volveré a ser ciudadano mexicano.